jueves, 16 de enero de 2014

Martha Nussbaum responde temas de importancia fundamental


2002. Nussbaum recibió el Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales.

Una de las pensadoras más relevantes del planeta, con la igualdad de género y la justicia social responde en una entrevista sobre filosofía, política, religión y otros temas interesantes, aquí compartimos parte de la nota.
¿Diría que la actual degradación de la política concede un nuevo empuje y dimensión a la filosofía? ¿Es más relevante que nunca?
-Creo que la política debe continuar siendo nuestra primordial fuente de esperanza para garantizar el futuro de los derechos humanos básicos, por lo que confío en que el debate político mejorará. La política afronta fases en que está degradada y otras en que no lo está, de manera que no hay motivos para concluir que la situación es irreversible. ¡En la antigua Atenas era mucho, mucho peor! La filosofía puede enseñar a los jóvenes a argumentar con respeto, a analizar posiciones y asuntos, a escuchar con atención al otro. La filosofía también es capaz de proponer y defender conceptos normativos para que la política los implemente, este ha sido el núcleo de mi trabajo en el campo de las “capacidades”. Pero yo sólo puedo proponer: la implementación debe ser realizada por los ciudadanos a través de sus gobiernos.
-¿La crisis de fe también juega a favor de la revitalización de la filosofía?
-No creo que las religiones estén en crisis. Al menos, en Estados Unidos gozan de una salud de hierro y prestan un apoyo a los afroamericanos, las mujeres, los gays y las lesbianas como jamás antes lo habían hecho. Mi propia religión, el judaísmo reformista, se encuentra más cerca de la idea de “religión racional” que propuso Immanuel Kant que ninguna otra antes y me hace sentir orgullosa de su aceptación del debate filosófico.
-¿Cuáles diría que son los mayores obstáculos del presente al desarrollo de buenos ciudadanos?
-La avaricia, el miedo y el narcisismo, ¡los mismos de siempre!
-Los términos “ético” y “no ético” están hoy en día en boca de todos, pero ¿se manejan con propiedad los conceptos que hay detrás?
-Probablemente, no. La mayoría de los conceptos filosóficos no se emplean con corrección en el habla cotidiana. En Estados Unidos se observa una tendencia de larga duración a emplear la palabra “moralidad” únicamente en relación con la conducta sexual, lo que es un error.
-¿Cómo puede la ética recuperar su sentido original y su crédito en sociedades donde muchos representantes políticos son ejemplos de codicia y corrupción?
-Su pregunta se responde a sí misma: usted entiende, como la mayoría de la gente, lo que son la codicia y la corrupción, y por qué deben ser denunciadas y eliminadas. Mientras la crítica a las malas prácticas se mantenga vigorosa, lo mismo harán el significado original y el crédito de la ética, Obviamente, albergar la idea acertada sobre cuáles deben ser los objetivos de una clase política decente no provoca que estos florezcan por arte de magia. Alcanzar ese punto requiere competencia política, y la ética por sí sola no la garantiza.
-¿Significa esto que, en determinadas circunstancias, se necesita recurrir a cierta astucia política para lograr que avancen las buenas causas?
-Cierto. Acabo de leer una notable biografía de Lyndon B. Johnson que muestra de forma palmaria que algunos de los mayores logros éticos de la política estadounidense, como las leyes pro derechos civiles que inauguraron el reino de la igualdad racial, fueron el resultado de una manipulación política que, en ocasiones, estuvo muy lejos de lo estrictamente ético. En muchos sentidos, Johnson fue un individuo repugnante y falto de ética, lo que no evitó que fuera capaz de sacar adelante avances valiosos y luchar por objetivos admirables con una efectividad inigualable. En consecuencia, no deberíamos ser santurrones e insistir únicamente en que las personas sean puras e inmaculadas a riesgo de no ver nunca materializadas las aspiraciones con las que soñamos.
Martha Nussbaum: “Las religiones no están en crisis”

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